CIEN AÑOS DE AMBICIÓN Y CONTROVERSIA JULIO LEÓN PRADO, EL INGENIERO QUE CONSTRUYÓ UN IMPERIO FINANCIERO
- armandoosoriomaldo
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100 años y 111 millones de dólares en 2025. A 126 días de cumplir un siglo de vida, el fundador de ICE Ingenieros y presidente del Directorio del Banco BISA, debe regresar a la India para cumplir un compromiso espiritual contraído hace dos décadas.
Julio León Prado nació muerto el 4 de julio de 1926 en Quillacollo, Cochabamba, al centro de Bolivia. Lo resucitaron mediante un procedimiento que hoy calificaríamos de barbaridad médica, pero desde ese primer minuto quedó marcado su destino: luchar por sobrevivir.
Ahora, a punto de cumplir cien años, este ingeniero civil convertido en magnate financiero debe volver a la India para someterse a un segundo tratamiento ayurvédico, según el compromiso adquirido en 2006 cuando pasó 42 días recluido en una habitación de dos por tres metros, incomunicado del mundo, alimentándose exclusivamente de hierbas medicinales.
Aquella terapia arcaica —jamás aplicada antes a un occidental— le devolvió la salud tras perder ¿20? ¿60? millones de dólares en el proyecto Misicuni (las versiones consultadas por este medio son distintas y oscilan en esos valores) y ver morir a su esposa Janette entre sus brazos. También le enseñó algo fundamental: que el cuerpo no es una máquina explotable indefinidamente. Una lección tardía para quien había pasado 22 días seguidos trabajando 24 horas diarias dentro de un túnel en Paucartambo, sacrificando su salud pulmonar en pos de un récord constructivo.
La paradoja define su trayectoria. León Prado es simultáneamente el empresario visionario que democratizó el microcrédito boliviano y el operador político que tejió relaciones con presidentes para obtener contratos millonarios. El ingeniero disciplinado que innovó en agricultura sostenible y el especulador que refugió capitales en estructuras panameñas reveladas por los Panamá Papers. El constructor de infraestructura vital para Bolivia y el banquero cuyo Grupo BISA obtuvo 846 millones de bolivianos netos en operaciones de arbitraje cambiario entre 2022 y 2024, mientras el sistema bancario completo capitalizó 2.639 millones de bolivianos aprovechando la crisis.
Con cuatro esposas en seis matrimonios, León Prado marcó el 2025 un nuevo récord: el banco BISA, del que es presidente de su Directorio, obtuvo 111 millones de dólares en utilidades netas y, además, lo ratificó de presidente de su directorio en Junta de Accionistas de 30 de enero de 2026. Está vigente y decide.
De los túneles al sistema financiero
Su formación como ingeniero civil en Lima (1946-1950) ocurrió bajo adversidad extrema. Llegó tarde a los exámenes de admisión por problemas burocráticos —le dieron tres días para estudiar 2.000 páginas— pero aprobó mientras su compañero boliviano regresaba derrotado. Durante esos años universitarios desarrolló vitíligo, enfermedad que lo dejó “enteramente blanco, como Michael Jackson” y le generó traumas psicológicos más profundos que los físicos. “Los peores efectos del mal no eran los físicos, sino los sicológicos”, admite en sus memorias.
La “segunda universidad” llegó en Paucartambo (1950-1962), donde trabajó para la Cerro de Pasco Corporation construyendo la central hidroeléctrica de 100.000 kilovatios. Allí aprendió lecciones que ningún aula enseña: cómo mantener congelado su salario durante siete años tras una “falsa acusación de comunismo”, cómo meter a un supervisor norteamericano en mezcla de concreto cuando perdió los estribos por discriminación laboral, cómo sacrificar la bronquitis asmática por terminar un túnel. El “premio” de salida —monto no especificado, pero “importante”— constituyó su primer capital empresarial.
Fundó ICE Ingenieros en Perú (Ingenieros Consultores y Ejecutores S.A.) el 13 de octubre de 1964. La empresa ejecutó obras emblemáticas como el túnel de la Laguna de Huangush (200 metros bajo superficie, “único en el mundo por sus características en esa época”), la línea Matucana-Callahuanca con vanos de tres kilómetros (récord latinoamericano), y el túnel ferroviario Toquepala-Cuajone de 15 kilómetros. En 1968 replicó el modelo en Bolivia, constituyendo ICE Ingenieros S.A. en Cochabamba con un capital inicial de 120.000 pesos bolivianos de la época. Para 1975, cuando se trasladó definitivamente a Bolivia, ICE operaba en Perú, Nicaragua, Panamá y Costa Rica.
Pero el verdadero imperio no estaba en la construcción sino en las finanzas. En 1983-1985 adquirió “sin querer” el Banco Industrial mediante una transacción turbia: compró acciones “con total confianza en sus asociados” sin auditoría previa, descubrió que estaba “seis veces quebrado” con 26 millones de dólares en cuentas incobrables ocultas, y lo rescató mediante relaciones políticas. Envió cartas notariadas exigiendo pago en 30 días a las principales mineras bolivianas (deudoras del banco), enfrentó amenazas de cárcel y hostilidad del Superintendente de Bancos, pero logró 10 millones de dólares del IFC (Banco Mundial) cuando “ninguna entidad internacional quería ofrecer créditos al país” por la hiperinflación.
Constructor del microcrédito
El 10 de febrero de 1992 fundó el Banco Solidario junto a Fernando Romero, el IFC, cooperación alemana y holandesa, y USAID. León Prado presenta una narrativa heroica: observó vendedoras de naranjas recibiendo crédito informal del camionero a tasas diarias del 100%, propuso prestarles al 100% anual (“casi dos centavos al día”), inventó el “crédito solidario” cuando una comerciante avaló a otra.
La realidad es más compleja. El modelo Grameen Bank de Muhammad Yunus operaba en Bangladesh desde los años setenta. León Prado no inventó el microcrédito; lo industrializó en Bolivia. Y admite vigilancia sin consentimiento: “Te hemos seguido, hasta sabemos dónde vives”, le dijeron a la vendedora. Cuando asumió la presidencia en 1993, transformó radicalmente la institución: “Hasta entonces ese banco había mantenido la estructura de PRODEM, incluyendo la filosofía de ser un organismo sin fines de lucro”, explica en sus memorias. “Convertirlo en un banco rentable” generó resistencia, pero León Prado impuso sistemas profesionales.
El impacto social fue innegable: miles de bolivianos accedieron a financiamiento antes impensable. Pero “contra su voluntad”, León Prado fue forzado a abandonar BancoSol años después. No explica quiénes ni por qué. Hoy conserva apenas 1.247 acciones de las 8.268 que tuvo en 2009, mientras fondos internacionales controlan el 99,30% del capital. BancoSol maneja activos por 16.000 millones de bolivianos; al cierre de 2024, la Gestora Pública de Seguridad Social había invertido 983,6 millones de dólares de los ahorros jubilatorios en el banco, que reportó utilidades de 48,6 millones.
El holding estilo “llajtamasi”
ICE Ingenieros S.A. de Bolivia, fundada en 1968 con 120.000 pesos bolivianos, experimentó metamorfosis extraordinarias durante la hiperinflación. Entre 1985 y 1988, mediante “revalorización técnica de activos fijos”, su capital saltó de 8,8 millones a 2.400 millones de pesos bolivianos de la época. Para 1988, el socio fundador peruano se retiró, vendiendo a Junet Internacional S.A., sociedad panameña que hoy controla el 99,99% de las acciones, vinculada al abogado Gian Enrique Castillero Guiraud de Arias, Fábrega & Fábrega.
Esta arquitectura permitió flexibilidad inusual. En 2016, ICE amplió su objeto social para incluir agricultura, ganadería, minería y banca, transformándose en holding. En 2019 capitalizó 192 millones de bolivianos en reservas sin inyectar efectivo. Para 2025, sus activos alcanzaron 3.283 millones de bolivianos, el 97% en inversiones permanentes. Su utilidad neta de 356 millones provino casi enteramente (376 millones) de rendimientos del Banco BISA; la operación constructora registró pérdidas operativas.
El Banco BISA, donde León Prado es presidente del directorio desde 1984, cerró 2023 con activos por 30.301 millones de bolivianos, patrimonio de 2.108 millones y utilidades de 251 millones. Pero los números ocultan dependencias estructurales. Al cierre de 2024, la Gestora había invertido el equivalente a 1.329 millones de dólares del ahorro jubilatorio en BISA —el 52% de los fondos de pensiones bolivianos beneficia directamente a los bancos privados—. Entre 2022 y 2024, los “otros ingresos operativos” del sistema bancario boliviano (comisiones, arbitraje cambiario) saltaron de Bs 4.578 millones a Bs 13.489 millones, aprovechando la brecha entre el tipo oficial (Bs 6,96 por dólar) y el paralelo (Bs 10-14 por dólar). Solo BISA obtuvo Bs 846 millones netos en este período.
Legado ambiguo
León Prado construyó infraestructura cuando Bolivia la necesitaba. Electrificó Santa Cruz, desarrolló 25.000 hectáreas agrícolas con prácticas sostenibles (barreras rompe-vientos, rotación de cultivos), democratizó el acceso al crédito. Sobrevivió crisis que hundieron competidores, supo reinventarse.
Pero también navegó zonas grises entre lo legal y lo irregular. Trabajó para la dictadura de Somoza en Nicaragua sin reflexión moral aparente. Adquirió el Banco Industrial en circunstancias que sugieren información privilegiada o negligencia inexplicable. Combinó roles de asesor gubernamental y empresario privado sin salvaguardas éticas. Refugió capitales en paraísos fiscales mientras sus bancos capitalizaban el ahorro interno boliviano.
Carlos D. Mesa Gisbert, quien lo conoció de cerca, escribió tras visitar Misicuni, una de las obras cúlmines de Ice Ingenieros en la que participó personalmente León Prado: “Todo esto es el resultado del esfuerzo empresarial individual, de un grupo de jóvenes profesionales que con la pasión de quien ama lo que hace, emprende grandes aventuras”.
De que perdió varios millones de dólares en la ejecución de esa obra, no parece haber duda. La cuestión es si fueron 20 o, como dice el propio León Prado, 60 millones de dólares.
Gonzalo Rico, el prestigioso ingeniero y ejecutivo máximo de la Empresa Misicuni, fiscalizadora de Ice Ingenieros y férreo crítico del rol jugado por el empresario, le atribuye a éste los errores cometidos para perder dinero. No evaluó correctamente la geología del lugar de perforación del túnel y, por tanto, erró procedimientos y eligió mal los equipos, según sus críticas. Lo concreto es que terminó la obra y la entregó.
Pero Mesa era entonces vicepresidente, y León Prado había recurrido a él en 2004 para evitar la intervención del BISA, obteniendo prórroga de tres meses que salvó al banco de la quiebra, en un momento crítico en la economía boliviana.
¿León Prado construyó el país que Bolivia necesitaba, o Bolivia fue el escenario donde construyó su imperio? Probablemente ambas cosas simultáneamente. Y esa ambigüedad es precisamente lo que hace su historia irreductible a celebración o condena simple.
El Dato
Integra el Directorio del banco BISA el boliviano Enrique García Rodríguez, quien se desempeñó con notable éxito como presidente de la CAF desde 1991 hasta 2017. Su hija, Beatriz García de Achá, economista con maestría en Administración de Empresas, es la actual ministra de Educación del gobierno de Paz Pereira.
También fue ratificado Hugo Sarmiento Kohlenberger, destacado economista, ex vicepresidente de la CAF entre 1993 y 2018, así como Tomás Barrios Santivañez, un profesional de las finanzas que, según León Prado, fue pieza clave para la recuperación de la última crisis del banco BISA el 2004. Los resultados hablan por él. El ADN familiar también persiste en el Directorio ratificado: se trata de Julio Vargas León, sobrino directo, hijo de una de las hermanas de León Prado y que es parte de ese Directorio varias gestiones.
La CAF es actualmente accionista (15%) del BDP SAM, junto al Estado boliviano (85%).
El compromiso espiritual que desafía la lógica empresarial
A los 80 años, habiendo superado la crisis del proyecto Misicuni, Julio León Prado viajó a la India para someterse a un tratamiento ayurvédico jamás aplicado a un occidental. Durante 42 días permaneció recluido en una habitación de dos por tres metros, totalmente incomunicado excepto por visitas de cinco minutos de su entonces pareja, la doctora Teresa Torres Sánchez. Sin televisión, música, teléfonos ni contacto humano, se alimentó exclusivamente de hierbas medicinales hindúes.
“¿Te imaginas que yo, acostumbrado a mi oficina con varios teléfonos sobre mi escritorio y comunicándome con todo el mundo, estaba encerrado en ese cuartito sin hablar con nadie?”, recuerda en sus memorias. La terapia fue exitosa: recuperó la salud física y emocional devastadas por pérdidas de ¿20? ¿60? millones de dólares y estrés agudo. Desde entonces adoptó vegetarianismo estricto, eliminó lácteos y alcohol, y aspira “a la longevidad que ciertos monjes hindúes alcanzan”.
El compromiso incluía regresar a los 100 años para un segundo tratamiento. Este 4 de julio de 2026, León Prado debe cumplir esa promesa. Es una decisión que desafía toda lógica empresarial occidental: el magnate que construyó imperios mediante control férreo, negociaciones agresivas y acumulación de capital, sometiéndose voluntariamente a una tradición milenaria que predica desapego material y equilibrio espiritual.
Hoy vive en El Refugio, su casa cercana a su natal Quillacollo, cuidado por su asistente de seguridad – cerco ineludible si alguien quiere hablar con León Prado- y su familia, alejado de su único hijo varón, Rodrigo, y con una hija menos: Cristina.
Paradójicamente, su matrimonio con Teresa —quien le salvó la vida— colapsó en 2012. Ella argumentó que “la vida de Julio le pertenecía, puesto que ella se la había salvado”. Tras una negociación tensa que incluyó un episodio donde una discusión telefónica elevó su presión arterial requiriendo atención de emergencia en Miami, se divorciaron. León Prado, el hombre de doble personalidad —enérgico en negocios, débil en familia— aprendió que algunas deudas no se pagan con dinero.
Fuente: El País de Tarija









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